La rutina que usé para escribir Ascensión Divina, y que puedes utilizar.


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Saludos Reader

Me llegué a obsesionar con escribir y desarrollar la historia que se convirtió en Ascensión Divina a tal nivel que a veces me pasaba todo el día en eso, olvidando mis responsabilidades en mi hogar. Entonces, me daba cargo de conciencia. Me sentía mal al escoger sentarme a escribir en vez de atender mis responsabilidades.

Fueron momentos de frustración emocional en mi vida.

Cuando decidí quedarme en casa porque el sueldo de mi esposo me lo permitía y así no incurriríamos en gastos adicionales como el cuido y el transporte escolar, sabía que ser ama de casa no era tarea fácil. Lo experimenté a través de mi abuela materna, quien nos cuidaba mientras mami trabajaba. Nos criamos con ella y era quien se encargaba del hogar.

Se me hacía imposible mantener el balance entre escribir y atender el hogar. No sabía cómo hacerlo.

Me di cuenta, con el tiempo, de que mis tardes estaban estructuradas por los horarios escolares y extracurriculares de mis hijos. Un cambio urgente debía ocurrir en mi vida si deseaba terminar de escribir Ascensión Divina, una historia larga, compleja y rica en detalles.

Recuerdo estar en el comedor de mi casa, una libreta sobre la mesa y un lápiz en mi mano. Abrí la libreta y escribí las horas del día para cada día de la semana. Desglosé lo que tenía que hacer cada día:

  • Las actividades extracurriculares de las tardes
  • Las actividades de mis hijos durante los fines de semana
  • La hora en que salían de la escuela y debía recogerlos
  • La hora en que entraban y debía levantarlos y hacerles el desayuno
  • La hora a la que debía tener lista la cena para poder dedicarme a estudiar con los nenes cuando llegáramos de la escuela y/o de sus actividades extracurriculares.
  • La hora que debía hacer la compra
  • etc…

Entonces, miré esas horas libres que tenía disponibles para sentarme a escribir y realizar los quehaceres del hogar.

De esas horas, escogí las primeras dos al llegar a casa luego de dejar al nene en la escuela.

Dos horas que eran sagradas.

Dos horas que, si era día de hacer compras, las movía para antes de ir a recoger a los nenes.

Dos horas que celaba y protegía, que me comprometía a escribir o trabajar en mi historia.

Ese horario se convirtió en mi horario modelo durante muchos años. Todo cambia, y este lo ajusté según los nuevos horarios de mis hijos, pero me sirvió.

Hubo días en mi horario en los que no pude escribir porque surgía algo inesperado. No me frustraba porque sabía que al otro día tenía reservado tiempo para escribir.

Esta rutina fue la que me ayudó a terminar de escribir mi historia Ascensión Divina. La que trajo balance a mi vida como escritora y ama de casa.

Leí recientemente en un libro sobre los espacios de escritura que, como escritores, debemos decidir si escribir o no. Es nuestra y de nadie más.

Haz espacio en tu vida para escribir. Saca una libreta y escribe en ella el horario de cada día de la semana. O saca tu agenda. Desglosa en cualquiera de las dos tus responsabilidades y busca esos horarios en los que puedes adentrarte en tu historia, escribirla, desarrollarla, editarla.

No escribes porque estás motivado a hacerlo, sino porque amas hacerlo. Tener y mantener una rutina de escritura te dará la estructura que necesitas para progresar en tu vida como escritor(a).

Un abrazo fuerte,

Alexandra Román

Escritora y CEO de Arte Escrito Estudio Creativo LLC

600 1st Ave, Ste 330 PMB 92768, Seattle, WA 98104-2246
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